La picea, reina de tapas armónicas, ofrece rigidez ligera y respuesta viva, mientras el alerce aporta estabilidad y un grano apretado que doma vibraciones. Al combinarlos en estantes, difusores y marcos, surge un equilibrio entre energía y control. Cuéntanos qué maderas habitan tu refugio, cómo envejecen con el clima y qué cambios sonoros has percibido con las estaciones.
Un panel de lana fieltrada, tejido por manos locales, absorbe sin apagar la sala, suavizando sibilancias y aplacando reflexiones tempranas. A diferencia de espumas desechables, respira, regula humedad y puede repararse con aguja e hilo. Elige densidades variables, cuadros modulares y tintes vegetales. Comparte tus patrones preferidos y los rincones donde la conversación volvió clara sin perder calidez.
Los muros de piedra con revocos de cal conservan una inercia térmica que estabiliza equipos sensibles. Menos picos de temperatura, menos dilataciones, menos desajustes. Un zócalo pesado bajo los altavoces reduce microvibraciones y ancla la escena. Si tu refugio combina madera y piedra, describe cómo respiran juntos durante deshielos, y qué estrategias usas para ventilar sin perder silencio.