Cuando la luz azul del amanecer entra por la ventana y el café humea, colocar Side A se convierte en un acto de orientación. Respira profundo, ajusta el contrapeso con calma y permite que la primera nota trace tu mapa emocional del día.
En altitud, el silencio no es ausencia, sino presencia que sostiene la música. Antes de bajar la aguja, apaga zumbidos, revisa sellos de ventanas y camina descalzo para recordar la temperatura del piso. Ese reconocimiento acústico prepara oídos más atentos, menos ansiosos.
La madera respira, canta y amortigua, así que abraza mesas robustas, alfombras gruesas y una lámpara tenue cerca del plato. Invita a quien llegue con una manta, una taza tibia y una pregunta abierta: qué quieres oír sin prisa hoy, y por qué.