Crónica desde la cornisa: el día que el viento calló
Una tarde de enero, tras tres días de nevada, las placas dormían bajo una sábana brillante. El arroyo se había encogido y el inversor susurraba prudente. Juntamos leña seca, preparamos té y nos acercamos en campo cercano. Cuando el viento paró, la voz entró flotando sobre un valle inmóvil y la cabaña, por un instante precioso, pareció contener el mundo entero.